Se lleva el morral de 18
kilos a sus hombros y se dispone a subir al auto que lo conducirá hasta “El
mico” o también llamado “El despegue”, aquella pendiente a la que desde hace
algunos años acuden varios parapentistas para saciar sus infinitas ganas de
volar, haciendo del parapente sus alas para lograrlo.
Aarón
Maldonado, es un caleño que siempre ha tenido vértigo a las alturas, pero aun
así su vida gira entorno a ellas. Se dedica a ser instructor de parapente desde
hace 25 años, exactamente es el director de la Escuela “Al Aire parapente”,
desde 1992 hasta la fecha.
Su cabello canoso y su seguridad al hablar dejan en evidencia una elogiable experiencia, aquella que está constituida por más de 11.000 horas de vuelo, 7.000 pasajeros volados, y cientos de alumnos graduados, además de realizar Tours de Vuelo y Ecológicos por Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Brasil.
Su cabello canoso y su seguridad al hablar dejan en evidencia una elogiable experiencia, aquella que está constituida por más de 11.000 horas de vuelo, 7.000 pasajeros volados, y cientos de alumnos graduados, además de realizar Tours de Vuelo y Ecológicos por Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Brasil.
Generalmente las personas consideran el
parapentismo como un deporte ampliamente peligroso, pero para Aarón Maldonado
no lo es, “el parapentismo es un arte, porque el ser humano no está diseñado
para volar, no es un deporte inseguro si el piloto es alguien profesional con
los debidos conocimientos técnicos y meteorológicos para pilotear”.
Del mismo modo manifiesta que lo primero que
le dicen sus pasajeros después de aterrizar es “¡ay!, yo pensé que se sentía
vértigo, que se sentía más adrenalina”, y esto según lo revela él se debe a que
es un deporte tan seguro y que genera tanta velocidad y sustentación que no se
permite ni tan siquiera que los pasajeros sientan otra cosa diferente a la
emoción.
Roldanillo
es el único municipio de Colombia en el que se han realizado campeonatos tales
como el mundial de parapentes de la FAI (Federación Aeronáutica Internacional),
y la SFPWC (Súper Final de la Copa Mundial de Parapente).
A
la SFPWC van los mejores parapentes clasificados de cada país, este campeonato
se realiza cada año, y hace diez años Colombia seria la sede para realizar la
precopa del mundo, pero varios pilotos de diferentes países manifestaron que no
era un lugar apropiado por tratarse de un país tan peligroso como Colombia, así
que se canceló pero hace dos años Roldanillo fue la sede.
“Roldanillo
rompió con los paradigmas porque no sólo se pudo volar todo el día, teniendo
competencias más largas, sino que también se hizo la mayor cantidad de días
volados en un campeonato, tanto en distancias como en horas este municipio fue
un éxito, este lugar cogió tanta fuerza que se hizo incluso una copa del mundo
de la FAI el año anterior y la súper final de la PWC en enero de este año”, así
lo expresa con orgullo Aarón.
Ya
se cumplieron once años desde que Aarón se marchó de su país natal para vivir
en Venezuela, pero siempre, cada año, llega a Roldanillo de enero a febrero
para disfrutar de la magia inigualable de volar en este municipio. Actualmente por la
economía y por las problemáticas del país hermano ha decidido tener un año
sabático en Roldanillo, el lugar en el que se siente íntegro y sobre todo libre
cada que vuela en lo que él considera parte de su ser, un parapente.
Un
pasajero que quiera tener esta experiencia inolvidable debe pagar una cifra que
oscila entre los 120.000 y 130.000 pesos, por 20 minutos de vuelo, pero un
piloto no vende tiempo, vende experiencias.
Antes
de volar, Aarón surfeaba, pero simplemente decidió enfrentarse a lo
desconocido, y desafiar las alturas, aprendió la técnica del parapente, la
primera vez que voló tenia 21 años, de eso ya hace aproximadamente unos 30
años, recuerda con un notorio regocijo la época en la que aprendió en una
pequeña pendiente a despegar y aterrizar.
“La
primera vez que yo sentí el vuelo, ¡wow!, es algo que nunca se me va a olvidar,
es lo máximo, sentís que estas con un juguete que te puso a volar”, son las
palabras que emite mientras deja escapar una gran sonrisa.
Pero no
solo los colombianos prefieren esta tierra para volar, también es el lugar
predilecto de extranjeros como el piloto suizo Jonathan Vigano, quien llegó a
Roldanillo en el año 2006 gracias a que unos amigos argentinos le dieron buenas
referencias del lugar, así que decidió experimentar otros aires para seguir
volando.


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