Abre el periódico, se dispone a leer y a llevar su cuerpo de 1.75 metros de estatura a su pequeña silla roja, lleva unas gafas de lentes oscuros con marco transparente y una camisa gris como el humo de aquellos cigarros que portan entre sus dedos muchos de los transeúntes que por ahí deambulan.
Ya son
quince años en los que la calle y los buenos libros lo han formado como persona
y no es para menos, su puesto de trabajo esta ubicado en un lugar donde puede
percibir a la gente en su afán cotidiano de vivir, aunque tal ves ni siquiera
vivan lo suficiente para leer la cantidad de libros que reposan en la mesa que
tiene Honrado.
Aquel lugar realmente muestra a esa Cali clásica donde llega quizás el abuelo cansado a tomar un tinto, o el trabajador aburrido a mirar las palmeras y a dejarse lustrar el calzado, es la Cali tradicional, la de la plaza Caicedo, la de los chontaduros, el mango biche y aquel refrescante jugo natural, y donde un sol radiante pero desesperante golpea sin pudor el rostro de cada caminante.
Aquel lugar realmente muestra a esa Cali clásica donde llega quizás el abuelo cansado a tomar un tinto, o el trabajador aburrido a mirar las palmeras y a dejarse lustrar el calzado, es la Cali tradicional, la de la plaza Caicedo, la de los chontaduros, el mango biche y aquel refrescante jugo natural, y donde un sol radiante pero desesperante golpea sin pudor el rostro de cada caminante.
Se
graduó de profesional de la vida ya que no tuvo la oportunidad de ir a una
Universidad, pero nunca dejo de leer, “la cultura es lo mejor que me ha pasado,
cuando yo cojo un libro siento que mi nivel intelectual ha subido, yo leo para
defender lo mío, para que no me exploten en el trabajo”, son las palabras que
emite mientras deja escapar una leve sonrisa algo amarillenta y maltratada.
Vive en
el barrio el jardín, en una inmensa soledad, tiene dos hijas y evidentemente las
extrañas de forma desmesurada, así se percibe luego de dejar escapar un pequeño
suspiro y hacer cierto ademán con las manos para organizar sus lentes, ellas
tomaron un rumbo distinto, se fueron a Barcelona a estudiar y Honrado no parece
querer referirse a ello.
En otra época fue empacador de chicles Adams hasta que se cerró la planta de la empresa en Cali, trabajó siendo empacador en otras empresas, pero se sentía explotado laboralmente, así que en las noches, luego de su trabajo como vendedor de libros se dedica a ser surtidor del diario EL PAIS.
Dice
muy contundente que todos sus libros son originales, trabaja en su mayoría con
libros clásicos, y se hace llamar él mismo, “restaurador de libros”, ya que la
gran mayoría de sus libros no son nuevos y los adquiere como bien lo dice él,
“regateando con gente que trae libros de segunda, siempre tengo en cuenta a la
hora de comprarlos el estado de conservación del libro y sobre todo la
temática, a mi me gustan los libros clásicos”.

Los libros que el público más solicita son los escolares, las novelas
policiacas, libros como “50 sombras de Grey”, “Pablo Escobar mi padre”,
“Rayuela” de Julio Cortázar, y los libros de Gabriel García Márquez.
El
gusto hacia la lectura por parte de Honrado se inclina más hacia los libros de
mafia y superación personal, sin dejar de lado “La nueva constitución política
de Colombia” de la cual se sirve, ya que aunque vende sus libros frente a la
DIAN (Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales) ellos no son problema alguno
para él, a los que si ha tenido que rendirles cuenta es a la sigin y la
librería panamericana; los cuales hacen un rastreo a nivel nacional de
los vendedores de libros que habitan la calle y se les debe demostrar que
aquellos libros son originales.
Honrado siempre se defiende con el artículo 70 de la nueva
constitución en el cual está registrado lo siguiente: “El Estado tiene el deber
de promover y fomentar el acceso a la cultura de todos los colombianos en
igualdad de oportunidades, por medio de la educación permanente y la enseñanza
científica, técnica, artística y profesional en todas las etapas del proceso de
creación de la identidad nacional. La cultura en sus diversas manifestaciones es fundamento de la
nacionalidad. El Estado reconoce la igualdad y dignidad de todas las que
conviven en el país. El Estado promoverá la investigación, la ciencia, el
desarrollo y la difusión de los valores culturales de la Nación.
En un día de trabajo este particular personaje se llega a ganar
entre 100.000 y 200.000 pesos, puesto que a cada libro le puede corresponder un
precio que oscila entre los 10.000 y 30.000 pesos. Los días de trabajo siempre
son bastantes arduos, a las siete de la noche recoge su puesto y se va calle
abajo para abordar el mio, pero continuamente lleva la satisfacción que no solo
vendió un libro, vendió experiencias, historia e imaginación.

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